El 31 de agosto iba a publicar algo sobre la nueva película de Paw Patrol, ahora, cinco días después, estoy terminando el post.Como dije, fuimos a ver la nueva película de Paw Patrol y, más allá de ser una película entretenida y apta para niños, y sin afán de emitir un juicio respecto a si la gente debería de verla o no, me pareció que hay muchas cosas que se deberían platicar abiertamente, del mismo modo que en algunas películas para niños salían personas fumando, y se notó que podía ser un factor de influencia para la propagación de esa adicción, creo que se podrían abordar algunos temas pensando en discutir que tipo de sociedad queremos en un futuro y sin intentar homogeneizar las opiniones.
El primer punto del que quiero hablar es esta idea de estar en altamar y en una tempestad descubrir una isla misteriosa, algo así como las historias del triángulo de las bermudas en las que los instrumentos de navegación dejan de funcionar y uno llega a un lugar que no está en los mapas. Creo que por un lado es algo ridículo que alimenta una visión supersticiosa del mundo, y por otro que fomenta, y justifica, ideas colonialistas del explorador civilizado y bien intencionado que descubre una tierra primitiva y por altruísmo puro quiere llevar el progreso. Son historias que surgieron en un contexto histórico bastante específico y que se reciclan para perpetuar un estereotipo dominante.
Debo decir, que una vez que están en la isla me sorprendió el giro que le dan en el que no están perdidos, sino que simplemente llaman a todo mundo e inmediatamente sale en las noticias. También me sorprendió la forma en la que sin intentar ocultarlo llegan inmediatamente toda clase de científicos, de forma poco educada, ruidosa, pero con buenas intenciones. Me parece que refuerza una idea que se ha estado intentando vender desde la revolución industrial en la que se trata a la ciencia como religión, se cree ciegamente en ella y no se cuestionan sus preceptos. No recuerdo exactamente las palabras pero era algo como que la isla sobrevivió tanto tiempo y ahora vamos a estudiarla y protegerla, qué tal deternerse y reflexionar un poco antes de llevar a todo mundo, y simplemente buscar explicar eso y dejar en paz a la pobre isla y a los animales que ahí viven, la realidad es que no necesitaba ser protegida. Sobre la ciencia, también es muy cuestionable hasta qué punto se justifica la intervención, y que tanto se puede aprender de estudios impulsivos como los que se plantean.
Es como usar un palito y empezar a picar un bicho para ver cómo reacciona, algunos justificarían que desde el punto de vista científico, es normal, a mí me parece que no es tan normal, y es menos normal aún que haya humanos-bicho, y humanos-con-palito. Sobre el método científico creo que todos estaríamos de acuerdo que la experimentación es cierta, pero existen límites, no sólo con humanos, sino también con animales, por eso surgieron conceptos como el maltrato animal y las restricciones en las pruebas de productos de belleza en animales, lo curioso es que algunos animales sean más importantes que algunos humanos. Durante los últimos 50 o 100 años nos han inculcado una forma particular de ciencia como el único modo de progreso y cuando se programa desde pequeños uno aprende a no cuestionarlo, sólo ciertos elegidos pueden cuestionar las cosas, de modo totalmente contrario a lo que el método científico propone.
En fin, desde mi punto de vista, la película se trata de resolver un problema que ellos mismos crearon, para después justificarlo con un falso antagonismo, totalmente superficial, de buenas intenciones contra malas intenciones, muy al estilo de como el colonialismo, y neocolonialismo, ha operado a escala global.
Hace un par de semanas, harto de estar viendo anuncios sobre fanatismo religioso (cristiano) en YouTube denuncié un anuncio que era de reclutamiento sectario, además de promover la intolerancia y el extremismo. Un tiempo después, quizá un día, quizá un par de días, me llegó un correo de que mi crítica estaba cierta y que iban a retirar el anuncio, pero la próxima vez que use YouTube me empezaron a bombardear con un chingo de anuncios con la misma temática, de iglesias cristianas, otros de iglesias evangélicas, esas que se ha provado que son esquemas de robo y extorsión. Algunos usando abiertamente “güeritas” que te invitaban a divertirte con ellas, claro, era referencia a divertirse descubriendo la religión, pero creanme, los que están atrás del marketing no son nada ingenuos, y tampoco cobran nada mal. El problema aquí es cómo se acepta torcer las reglas un poquito para un lado, pero no para el otro, y la parte de ingeniería inversa e ingeniería del comportamiento que está por detrás de las estrategias de presentación de anuncios de redes sociales como YouTube, Facebook o LinkedIn, es decir, lo que están aprendiendo las empresas sobre uno mediante pequeñas provocaciones, aceptables siempre que sean para “bien” y reprochables siempre que sean para “mal”, pero los mismos que tienen que seguir las reglas son los que las crean, ¿no parece un conflicto de intereses?
Al mismo tiempo empecé a usar mucho más Facebook, sobre todo por haber podido recuperar mi cuenta y por estar desarrollando un producto para clínicas médicas basado en WhatsApp para comunicación. Me sorprendí al descubrir que ahora Facebook es totalmente diferente del que conocí la última vez que lo usé hace varios años y los mismos cambios ocurrieron en Instagram, y en LinkedIn, ya las publicaciones que uno ve en la página principal no se limitan a las de las personas que uno ha agregado, sino que se puede pagar por el poner información subliminal, y pagar otra vez por limitar la cantidad de información que se pone. Creo que cualquier usuario con una capacidad intelectual media se daría cuenta de que se trata de obtener información sobre los patrones de comportamiento a través de estímulos controlados y después vender esa información a ciertas empresas o individuos con los medios económicos suficientes, que deja fuera a una gran mayoría. No soy el primero en decirlo, está la conocida frase “Si el producto es gratis, el producto eres tú”, pero creo que vale la pena detenerse un momento a pensar en lo que está pasando, y mucho más importante, empezar a hablar al respecto.
Volviendo al tema de Facebook, vivo en Portugal desde hace varios años, los algoritmos lo saben (no es uno, y está mal hablar del algoritmo como un ente metafísico), si siguen las noticias de aquí, que sé que no mucha gente fuera del país sigue, el clima en términos políticos y sociales ha cambiado bastante, por ejemplo, en el 2020 se respiraba una atmósfera positiva, un optimismo de “finalmente le llegó la hora a Portugal de demostrar al mundo lo que vale”, la gente hablaba de Lisboa, de Porto, de las startups, del cambio por los nómadas digitales en el interior y de como algunos portugueses volvían de otros países; ahora, en el 2026 se siente una atmósfera de total resignación, parecida a la que sienten algunos cuando México después de un inicio brillante vuelve a ser descalificado en el mundial de futbol, muchos de los que habían vuelto y tenían la oportunidad de irse nuevamente lo hicieron, muchos extranjeros que habían venido se están yendo, algunos políticos oportunistas se aprovechan de la ignorancia de la gente para polarizar más las cosas y juegan con el adoctrinamiento con intolerancia racial, religiosa, xenofobia y demás para proteger los propios intereses. Lo curioso es que Facebook lo sabe, y se aprovecha de eso para maximizar los likes y la extracción de datos, claro, es una métrica, no existen conspiraciones atrás, no se trata de malicia. Primero empezó con posts de invitación a la derecha, ante mi indeferencia vinieron posts de crítica a la derecha, nuevamente ante mi indiferencia hubo un cambio en el tipo de contenido, más sútil, pero igual de incendiario, invitándome, seduciéndome, ni siquiera importa el ayudar a uno de esos grupos, lo que importa es determinar mi perfil con la mayor exactitud para que no sea accidental que use el servicio, sino que sea accidental si alguna vez dejo de usarlo.
El hecho de que Facebook y YouTube fomenten el extremismo no es algo que diga yo, es algo que ha salido en bastantes artículos y que se ha estudiado, pero no deja de ser triste el ver como uno sigue perdiendo control en todas las redes sociales, y lo que alguna vez se pensó (quiero creer, ingenuamente, que fue así) para disminuir las distancias físicas entre seres humanos ahora se usa como una plataforma de ordeña de datos, de forma muy semejante a la televisión abierta uno pasivamente consumía aquello que era transmitido sin control alguno. Además un problema que merece un post en sí mismo es como se lucra para con la poca transparencia o con la opacidad que existe respecto a cuándo y cómo es que se decide como un anuncio o post es presentado.
Me fui a dormir pensando en esto y cuando desperté tenía una encuesta en WhatsApp, para saber sobre la calidad del servicio, estaban muy interesados en cuando era la última vez que había bloqueado a alguien por contenido intolerante, cuando era la última vez que había visto spam en WhatsApp; sólo eran preguntas cerradas, que extraen información pero limitan fuertemente lo que uno puede objetar. El problema no es el contenido, el problema es lo arbitrario de las definiciones de spam e intolerancia, creo que el spam más frecuente es el de los anuncios de las nuevas características de WhatsApp.